El
toreo a pie, tal como lo conocemos hoy en día, surgió en el siglo XVIII cuando la nobleza abandonó las plazas y el toreo a caballo. Al contrario de lo que frecuentemente se cree, el toreo tuvo
detractores desde un primer momento.
No falta razón, que esta fiesta bruta
sólo ha quedado en España,
y no hay nación que una cosa
tan bárbara e inhumana
si no es España consienta.
Las fiestas de toros son indignas de un pueblo civilizado y los extranjeros asistentes a dicho espectáculo se hacen cómplices de la barbarie española. Son fiestas reprensibles, bárbaras y dignas de ser extirpadas
Soy absolutamente contrario a las corridas de toros, que son espectáculo abominable cuya crueldad imbécil es, para la multitud, una educación de sangre y lodo.
Siempre me han aburrido y repugnado las corridas de toros.
Si alguien concibe que una carnicería semejante puede servir de soporte a un arte, ya está preparado para admitir que la verdad puede ser extraída mediante la tortura en el sótano de una comisaría; si se admite que la belleza puede surgir de la sangre derramada, aunque ésta se inflija a un animal, es que uno ya tiene justificado en el corazón todo tipo de violencia.
Admito que el toreo sea un arte si a cambio se me concede que el canibalismo es gastronomía.