A estas alturas, todos sabréis que
Nespresso es un sistema de café
espresso en cápsulas patentado por
Nestlé. Regalo estrella de las últimas dos o tres
navidades, uno no está plenamente integrado en la sociedad si no ha hecho cola en la tienda
Nespresso de
Passeig de
Gràcia o si no puede participar en una discusión sobre si el mejor
Nespresso es el Roma, el
Ristretto o el
Descaffeinatto Intenso.
¿Ventajas del
Nespresso? Sobre todo la comodidad, ya que se puede preparar un café de manera rápida y totalmente
limpia. También la calidad, más que notable, sobre todo si tenemos en cuenta la calidad del café que se ofrece en muchos de los bares de este país. ¿Desventajas? Para empezar el precio, 30 céntimos por café es mucho en comparación con el café preparado con el sistema tradicional. En segundo lugar, los
residuos, se desperdicia una cápsula, con su aluminio y su plástico, cada vez que queremos preparar el café. Y, en tercer lugar, el
carácter patentado y cerrado del sistema
Nespresso. De este último punto quería hablar en esta entrada.
Nespresso es un sistema totalmente patentado y cerrado.
Nestlé licencia la marca
Nespresso a fabricantes de cafeteras, pero retiene la propiedad única sobre la fabricación y la elaboración del café. En otras palabras, no puede haber
ningún otro fabricante que elabore cápsulas compatibles con el sistema
Nespresso. Eso hace que de forma automática los usuarios de
Nespresso pasen a encontrarse a merced de Nestlé.
Si
Nestlé decide de hoy para mañana doblar el precio de las cápsulas, los usuarios de
Nespresso no tendrán más alternativas que tragar con la subida, o bien tirar la cafetera a la basura. De forma más realista, con el éxito actual del sistema
Nespresso, Nestlé puede acabar convirtiéndose en un monopolio en el mundo del café, fijando los precios de acuerdo con sus conveniencias y destruyendo cualquier posible competencia.
Esto es así a diferencia del método
tradicional de elaboración en el cual tenemos total libertad en escoger el origen del café, pudiendo optar por café
procedente del comercio justo, por ejemplo.
Si la legislación permite a
Nespresso proteger su sistema con patentes, a mi entender se trata de una legislación injusta que perjudica al consumidor, y destruye la
competencia. Ésto me recuerda la situación en algunos campos del mundo de la informática, en el cual la existencia de estándares cerrados ha llevado a situaciones de monopolio
altamente perjudiciales. Recordemos, por ejemplo, el formato
DOC de
MS Word, que tanto daño ha hecho a la competencia en el mundo de los
procesadores de texto, o las modificaciones privadas (¿o habría que llamarlas
bugs?) del formato HTML por parte de Microsoft en el
IE6.
Propongo, por tanto, un sistema tipo
Nespresso pero abierto, en el qué los usuarios puedan optar por adquirir cápsulas de café compatibles a muchos proveedores y fabricantes. Mientras esto no exista pienso seguir preparando el café por las mañanas con mi Oroley de toda la vida.
Actualizado: De los comenarios de
menéame:
- Es cierto que se pueden reutilizar los cartuchos haciendo un truco casero, pero eso no resta validez al argumento, todo al contrario. Debería ser posible que otras empresas vendieran cápsulas alternativas o sistemas de relleno.
- La situación se parece mucho también al caso de las impresoras, donde los fabricantes hacen negocio con la tinta y no con los equipos. En este caso existen sin embargo empresas alternativas que fabrican tinta más barata (a pesar de los impedimentos que ponen los fabricantes de impresoras).
- Con la Nespresso también hay un componente de pijerío (hay que tener el móvil de última generación, la tele de 42" y la Nespresso), y uno es libre de comprarlo o no. Símplemente hay que tener claro que quien acceda a comprar la Nespresso estará atado de por vida a la marca Nestlé, y yo por eso elijo no comprarlo.
Actualizado x2:
- Nespresso es un ejemplo del modelo de negocio llamado de la máquina de afeitar y la cuchilla.
- Hay otras alternativas comerciales menos conocidas, como Tassimo, Senseo, Caffitaly, etc. Todos ellos son sistemas de cafés en cápsulas incompatibles entre si. ¿No sería más lógico en que el estándar del sistema fuera único, y que cada marca de café lo implementara a su manera?